Carta al presidente Sánchez, por Juan-José López Burniol

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Señor presidente: En su insólita carta dirigida a la ciudadanía comienza diciendo: “No suele ser habitual que me dirija a usted”, por lo que entiendo que nos singulariza como destinatarios de ella a todos y cada uno de los ciudadanos españoles, entre los que me incluyo. Y, por tanto, le acuso recibo y me dispongo a responderle, no sin antes resumir su contenido en estos términos: Denuncia “la gravedad de los ataques que estamos recibiendo mi esposa y yo”, que constituyen una “estrategia de acoso y derribo” de la que son “cooperadores necesarios” los señores Feijóo y Abascal, y que “no son a mi persona sino a lo que representa: una opción política progresista”. 

Esto se debe a que “la derecha y la ultraderecha”, es decir, “una coalición de intereses”, no acepta los resultados electorales, tapa sus escándalos de corrupción, esconde su ausencia de proyecto político y se vale “de todos los medios a su alcance para destruir personal y políticamente al adversario político”; razón por la que usted se pregunta si “¿merece la pena todo esto?”, al tiempo que reconoce que necesita “tiempo para reflexionar” sobre “si debo continuar al frente del Gobierno o renunciar”, dado que “nunca he tenido apego al poder”.

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PIERRE-PHILIPPE MARCOU / AFP

Al conocerla, me pregunté por las causas de su desahogo, y la primera que se me ocurrió fue que usted se había quebrado por dentro a causa de la fuerte presión política, mediática y judicial que denuncia y que habría sido incapaz de soportar, tal vez por ciertos rasgos de su carácter. Pero, poco después, rectifiqué y pensé que su carta es una maniobra populista y predictatorial, a la búsqueda de un apoyo ciudadano al margen de las instituciones democráticas, con el objetivo único de permanecer en el poder, un rasgo –este sí– que marca indeleblemente su talante.

También evalué, por un momento, la posibilidad de que existan algunos hechos aún desconocidos y potencialmente desestabilizadores, que puedan aflorar de forma más o menos inmediata, al igual que alguna eventual revelación del caso Pegasus.

En la carta levanta un “muro” entre las dos Españas, con el objetivo de reforzar al Gobierno

Lo que sí queda claro como el agua es que usted ha elegido la forma directísima de una carta personal del líder al pueblo (a cada uno de sus ciudadanos), confirmando así el carácter populista de la iniciativa. Líder y pueblo sin intermediarios institucionales, con la intención clara de reforzar al líder en una difícil situación política caracterizada por tres notas negativas: la no aprobación de los presupuestos, la inestabilidad de una coalición tan progresista como imprevisible y el desplome sin paliativos de la extrema izquierda.

El contenido de la carta, redactado de forma deliberadamente íntima, busca galvanizar al bloque progresista, enfrentándolo fría, calculada y deliberadamente a la “derecha y extrema derecha”, en un proceso de polarización buscado al efecto de convertir al adversario en enemigo. Pero hay algo aún más grave en este texto, que es su firme aportación a levantar un “muro” entre las dos Españas, sin otro objetivo que reforzar al Gobierno y, sobre todo, el liderazgo de su presidente mediante la descalificación y la marginación de la oposición. Son previsibles, por ello, actos de adhesión inquebrantable al líder, con el grito de “no pasarán”.

Es posible, presidente, que el lunes usted nos anuncie que se quedará en la Moncloa, su gran objetivo vital, pasando por encima de las consecuencias de sus actos. Y quizá se vea obligado, por exigencia de la coalición, a presentar una moción de confianza, que, para ganarla, tendrá que ir precedida de nuevas cesiones a los separatistas, tales como un régimen de financiación singular o un sistema judicial propio. Proseguirá así el desmantelamiento del Estado, que es la auténtica razón por la que muchos censuramos su gestión, y no por sus políticas sociales, ni, tampoco, por su política exterior.

Termino. Temo que el balance de su gestión sea negativo, al haber acabado con España como un ámbito de solidaridad primaria e inmediata, conformado por la geografía y por la historia, en el que todos los españoles sean iguales.

Gracias si la lee. Saludos.

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