Primer debate ante las elecciones catalanas, por Editorial

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La Vanguardia y RAC1 organizaron ayer el primer debate ante las elecciones catalanas que se celebrarán dentro de dos semanas, el día 12 de mayo. Los ocho participantes vinieron a coincidir, con los matices de rigor, en que Catalunya requiere una mejor financiación, podríamos decir incluso una financiación más justa, si atendemos a que nuestra comunidad, según recordó la representante de Comuns Sumar, aporta el 17% de los ingresos de las arcas estatales y obtiene de estas un 13% de los recursos disponibles.

Participaron en el debate Salvador Illa (PSC), Pere Aragonès (ERC), Josep Rull (en representación de Junts, en cuya lista figura en tercer puesto), Alejandro Fernández (PP), Ignacio Garriga (Vox), Jéssica Albiach (Comuns Sumar), Laia Estrada (CUP) y Carlos Carrizosa (Ciudadanos). Hay que decir en favor de todos ellos que el tono de su conversación fue más civilizado y pertinente que el de la que suele escucharse en el Congreso de los Diputados.

‘La Vanguardia’ y RAC1 reúnen a dirigentes de ocho partidos a dos semanas del 12-M

Otra cosa es que el contenido de la discusión arrojara grandes frutos relativos a los temas que más preocupan a la mayoría de los ciudadanos. Porque cuando se pusieron a debate asuntos de urgente resolución, como puedan ser el déficit de vivienda, el insatisfactorio nivel de la educación, las carencias en materia de energía, los titubeos en el modo de combatir la sequía o la ampliación del aeropuerto de Barcelona, el volumen de propuestas dejó que desear. La administración pública fue quizás, en este sentido, una excepción, puesto que el candidato Illa pidió acometer en este ámbito una reforma para mejorar sustancialmente los servicios que reciben los ciudadanos.

Las carencias colectivas expuestas son comprensibles, aunque no admisibles. Son comprensibles porque, doce años después de que arrancara el procés , y casi siete después de que naufragara, el runrún sobre la independencia sigue teniendo un papel preponderante, por más que dicho procés se dé por agotado en la esfera política, por más que los dos grandes partidos soberanistas que lo impulsaron contribuyeran a la investidura presidencial del socialista Pedro Sánchez y estén en constante comunicación con su Gobierno (pese a presentarlo ante su parroquia como un rival poco menos que irreconciliable). Y por más que los problemas cotidianos persistan. Por o pese a todo ello, la preponderancia del debate que orbita sobre el eje nacional sigue postergando aún el debate social.

Al decir de las encuestas, el panorama de la campaña es bien descriptible. Todos los sondeos pronostican un avance del PSC de Salvador Illa, que ganaría las elecciones del 12-M con comodidad. Pero son algo menos concluyentes sobre quién logrará el segundo lugar, aunque Junts –cuya candidatura se denomina Puigdemont per Catalunya– parece en condiciones de superar a ERC, que actualmente gobierna en solitario la Generalitat. Acaso porque los golpes de efecto de Puigdemont le granjean beneficios entre los votantes, y sin duda también porque la labor de gobierno, que los republicanos cargan en solitario sobre sus espaldas desde hace dos años, produce
desgaste, en particular cuando presenta aspectos mejorables. Dicho esto, el porcentaje de indecisos, que algunos sitúan en más del 30%, convierte en aventurado precisar hoy un pro­nóstico.

Quedan casi dos semanas de campaña por delante y, para añadir aún más incertidumbre, Pedro Sánchez debe comparecer el lunes ante la opinión pública para comunicar si va a seguir al frente del Gobierno o no. Eso ya se verá. Y también está por ver, claro, quién acabará presidiendo la Generalitat, puesto que, más allá del número de votos ganados, serán decisivas las alianzas postelectorales.

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