El cierre tranquilo de la primera nuclear de España

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Son 602 días sin incidentes. Récord de jornadas sin incidentes, 1.100. Estos son los datos que aparecen en el letrero luminoso que da la bienvenida a los visitantes de la central nuclear de Almaraz, en Cáceres. Para llegar hasta él habrán tenido que mostrar en diversas ocasiones sus documentos de identidad, someterse a escáneres corporales y atravesar tres barreras de alta seguridad cercadas con alambres y concertinas que a los más neófitos en este tipo de instalaciones les recuerdan a un escenario de guerra o las vallas de que separan Melilla de Marruecos.

El control exhaustivo y la seguridad extrema son las máximas en esta instalación tanto en lo que concierne a la seguridad física como a la actividad de producción eléctrica. Ni los pasos para trasladarse de un edificio a otro del complejo de más de 10.000 metros cuadrados se dejan a la improvisación. Todo está exhaustivamente pautado. Pero en este 2024 hay algo que se escapa a ese férreo control. Su fecha de cierre.


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Redacción

Planta fotovoltaica de Naturgy

Sobre el papel hay un calendario de clausura de todas las centrales nucleares en suelo español que firmaron sus propietarias con el Gobierno en el 2019. El reactor I de Almaraz es el primero de esa lista y la fecha de ese evento: 1 de noviembre del 2027. Un año después el 31 de octubre del 2028 está fijado el cierre del reactor II de Almaraz.

La ministra para la Transición Energética, Teresa Ribera, se niega a cuestionar esta fecha. Los propietarios de Almaraz (Iberdrola, 53%, Endesa, 36% y Naturgy, 11%) mantienen en público su compromiso con el cumplimiento del calendario de cierre consensuado. Pero la realidad no es tan contundente.

Los empleados de la central, que visitó La Vanguardia esta semana, no quieren ni hablar del tema. “Tratamos de no pensar en esa posibilidad. Nuestro trabajo no ha cambiado en nada; si algún día ocurre, queremos que el último electrón que salga de aquí lo haga en las mismas condiciones de seguridad y sin rebajar las exigencias en ningún momento”, aseguran.

Almaraz es una de las plantas nucleares más grandes de España junto con la de Ascó, en Tarragona

Para la zona del campo Arañuelo, la comarca en la que se localiza, es una fuente de empleo insustituible. Genera más de 2.000 puestos de trabajo al año y una actividad económica sin parangón. Defensa que choca con los detractores que llevan años pidiendo su cese.

Ahora, un pequeño grupo estaría ya trabajando en ese cierre. “Hay un departamento de transición de activos que está trabajando junto a Enresa por si se cumple esa fecha de cierre”, apunta el director de la central, Rafael Campos, sin dar ninguna pista más. El directivo explica que para un cierre ordenado, los primeros procesos de desmantelamiento deberían comenzar a finales de este 2024 o principios del 2025.

Pero Campos confirma lo que los propietarios de la central repiten sotto voce en los últimos meses. “Almaraz podría seguir funcionando hasta el día antes de esa fecha, si así se decide, o seguir otros 20 años con total seguridad, como han demostrado otras nucleares de similar tecnología (reactor Westinghouse) en Estados Unidos”.

El origen de esta infraestructura se remonta al 1 de mayo de 1981 el primer reactor y el 8 de octubre de 1983 el segundo, tras una década de construcción. Los colores verdes apagados de su sala de control hacen imposible no pensar en las ochenteras películas de James Bond con miles de botones y luces.

Almaraz es una de las plantas nucleares más grandes de España junto con la de Ascó en Tarragona. En el 2023 produjo 16.927 gigavatios hora (GWh), que equivalen al 7% del consumo energético de la demanda anual española. Es precisamente esa gran potencia de generación la que ha hecho que tras la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania, el calendario de cierre se haya puesto en entredicho, por su valor como energía de soporte del sistema.

La central tiene un equipo trabajando en el cierre del 2027, pero funciona e invierte con toda normalidad

Trabajar con un calendario de ampliación de actividad conlleva, entre otras muchas cosas, seguir haciendo pedidos de uranio, actualizar los equipos de mantenimiento de emergencias e incluso el búnquer para situaciones de crisis. Además, Almaraz debe asumir, cierre o no, la inversión en el almacenamiento de sus residuos. En la actualidad, hay un almacén temporal individualizado (ATI) con capacidad para 20 contenedores, 18 de los cuales ya contienen los residuos acumulados a lo largo de la vida de la central. Pero en el 2023 ya se inició su ampliación y está en marcha un nuevo ATI con capacidad para 120 contenedores. Suficientes para albergar los residuos de toda la vida de la central, incluso si se amplía la actividad hasta el tope de su vida útil.

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