El dolor de revivir tu drama en Netflix

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Un hombre frente al televisor. Una mujer en la cárcel que da una entrevista. Una madre que grita desesperada. Un menor asesinado. Podría ser la escena de una película, pero está a un paso de ser un escenario real. El dolor de Patricia Ramírez, la madre de Gabriel ‘El pescaíto’, asesinado a manos de la nueva pareja de su padre, es real e inimaginable. Entrar en su historia es pisar terreno sagrado. Ella pide que no se haga ninguna serie sobre su caso porque su vida no es una ficción y su duelo es más doloroso de lo que uno puede cargar. Y razón no le falta. Lleva sobre sus espaldas seis años de tortura y desconsuelo que trata de lidiar con ayuda psicológica. Como Antonio, el padre de Marta del Castillo, o como Juan Carlos, el padre de Diana Quer. Todos han sido víctimas de una injusticia que va contra natura.

Los ‘true crime’ son tendencia en las plataformas, que buscan casos terribles y mediáticos con los que llenar sus catálogos. Vaya a Netflix y se encontrará con que cuatro de las cinco primeras series más vistas son de este género. ‘El caso Asunta’ es el último caso que despertó el interés sobre un suceso ya olvidado de la opinión pública. Y morbo. Mucho morbo. La historia real y macabra de unos anónimos se puede ver en el sofá con palomitas. Pero aquí no hay nadie que reclame su historia porque hay una madre asesina suicidada, un padre que sigue en la cárcel y una familia que no quiere saber nada. Pero Patricia sí. Patricia lleva años reclamando que no se utilice la imagen de su hijo con ningún fin y esta semana pidió que no se lleve a término el documental de ‘true crime’ que prepara una productora con la ayuda de Ana Julia Quezada, su asesina.

Este formato irrumpió desde hace unos años de forma escandalosa gracias a la producción masiva de las plataformas. La sangre huele bien cuando no se trata de la nuestra y el morbo que suscitan los crímenes reales, y cercanos, hace que se consuma de forma exacerbada. El verdadero problema surge cuando detrás de una serie hay una familia que sangra de dolor por muchas razones como ver su historia en manos de otros e interpretada, la inquietante decisión de dejar a los espectadores, como en el ‘Caso Asunta’, que sean ellos quienes determinen por qué se cometió el asesinato e incluso quiénes fueron los criminales.

A veces son los mismos padres quienes motivan estas producciones. Hay familias como las de las niñas del ‘Caso Alcasser’ o Marta del Castillo que apenas han podido hacer frente al drama y no quieren ser olvidados. El documental de Netflix sobre las tres jóvenes asesinadas en 1992 es una forma que tiene la familia para seguir reclamando que se desconoce el paradero de uno de los asesinos.

«Enfrentarse al asesinato de un hijo a manos de una persona de un entorno cercano es un shock y el duelo se complica cuando, además del dolor, aparecen imágenes intrusivas o una repercusión mediática potente», asegura Valeria Moriconi, psicóloga experta en duelo.

Una de las tareas que la psicóloga hace con los pacientes y aquellos padres que han perdido a su hijo es volver a narrar la historia de la pérdida para poder integrarla de una forma sana en su vida y hacer frente al duelo. Imagínasela planteada en televisión. «Las series no lo cuentan tal y como lo han vivido los padres, sino que lo hacen desde un punto de vista distinto. Las víctimas pueden encontrar discrepancia en la historia porque actúan de una forma distinta a como lo hicieron ellos y esto es una vuelta atrás en su duelo».

Patricia utiliza sus redes sociales para manifestar su malestar sobre las producciones del caso de su hijo. Sin embargo, el padre de Marta del Castillo, Antonio, pide lo contrario: «Los documentales ponen de manifiesto los errores judiciales y policiales y mi hija no ha aparecido». Hace tres años participó en ‘Dónde está Marta’, una serie documental de Netflix que abrió la vía de investigación de los móviles de los implicados. Dos hijos muertos, pero un cuerpo que descansa en paz y otro sin paradero.

El duelo de Patricia es horrendo pero el de Antonio infinito. Sin cuerpo no hay descanso. El duelo está siempre abierto porque no permite cerrar las heridas. «Esto alimenta la rabia, la culpa tristeza y probablemente sigue en búsqueda. Hay una pérdida intangible», indica la psicóloga.

Libertades enfrentadas

El duelo puede ser insufrible. Ahora bien, este derecho al honor, la intimidad y su imagen para no ser revictimizada y que reclama ser protegido choca directamente con otro fundamental: el derecho a la información. Existe la voluntad de las víctimas de que no se utilice su caso con fines comerciales o informativos, pero también existe el derecho de los medios de comunicación o productoras de recuperar determinados sucesos que han tenido una relevancia pública en la sociedad española. ¿Se puede emitir un documental o ‘true crime’ sobre un caso como el de ‘El pescaíto’?

No es lo mismo emitir un documental a tiempo real, es decir, estrenar los capítulos al mismo tiempo que se va desarrollando la investigación, como ‘El caso Sancho’, que sacar a la luz un asunto que ya estaba olvidado en la opinión pública. «La exigencia que sufrirá la productora al contar el suceso será mucho más intensa en cuanto al cumplimiento de la legalidad respecto de las víctimas y familiares y respecto de los hechos si es un caso olvidado en la sociedad», apunta Juan Luis Ortega Peña, abogado especialista en propiedad Intelectual.

Tampoco es lo mismo abordar un asunto que ocurrió hace 40 años, cuando hay un condenado que ya ha salido de la cárcel y tiene derecho a la reinserción, que cuando se trata de un caso reciente. «Recuperar imágenes de una persona que ya está reinsertada apuntaría directamente contra el derecho al honor y a la intimidad», añade. Aunque lo importante es el papel que ocupan las víctimas en el proyecto. Por eso, una de las claves fundamentales para el abogado es no incidir en exceso sobre la descripción de los padecimientos de las víctimas. «Eso genera una victimización de las mismas y si están involucrados menores, con mayor razón». En ‘El caso Asunta’ recrean en dos ocasiones el asesinato de la pequeña y cómo se produjo su muerte.

En la docuserie ‘Dónde está Marta’ aparecen numerosas grabaciones de la familia de la víctima hablando con los medios durante la búsqueda del cadáver. Patricia Ramírez quiso ponerse delante de una cámara para conceder entrevistas durante la investigación de su hijo, pero ahora no quiere que se utilicen para ninguna producción. Una vez más, derechos enfrentados. «Por mucho que haya una revocación del consentimiento por parte de la víctima, será el juzgado quien tendrá que dilucidar si, a pesar de que exista una revocación, los hechos presenten la suficiente relevancia informativa para poder ser nuevamente difundidos», indica el abogado.

Cuando el asesino graba

Rodolfo Sancho dio su primera entrevista a HBO Max para el documental que están realizando a tiempo real sobre el juicio del asesinato que confesó su hijo en Tailandia hace menos de un año. El revuelo en Colombia, el país del asesinado, fue grande. El padre de un asesino ofrece una entrevista de la que se lucre económicamente para ayudar en la defensa de su hijo. Ahora Patricia reclama que no ocurra lo mismo con Ana Julia Quezada, pero el tratamiento mediático es completamente distinto. Aquí se trata de un menor asesinado a manos de una madrastra, con un pasado turbio, y una actitud desconcertante. Una vez más, el morbo.

El miedo de revivir todo lo ocurrido y, además, de manos de la asesina de su hijo, es paralizante. Sin embargo, por mucho que la productora ofrezca dinero a la asesina, la ley no permite entregárselo. El artículo 7.8 de la Ley Orgánica 1/1982, del 5 de mayo, reconoce como una intromisión ilegítima la utilización del delito por el condenado en sentencia penal firme para conseguir notoriedad pública u obtener provecho económico. «Todo lo que perciba Ana Julia Quezada por la participación en un documental deberá incluirse en una cláusula penal y se entregará a las víctimas», asegura el abogado Ortega.

El dolor que puede causar a los dolientes una entrevista al asesino de su hijo no es solo lícito, sino que se debe proteger en todo momento. Ahora bien, vuelve sobre la mesa el mismo debate anterior sobre el derecho a la información. «Claro que se puede entrevistar a un asesino. Lo que no hay que hacer es que sea a mayor gloria del asesino a él sino ponerlo contra las cuerdas», defiende Cruz Morcillo, una de las periodistas ha cubierto e informado sobre los casos más duros. La psicóloga Moricone utiliza el ejemplo del ‘Caso Asunta’ para explicar los riesgos de plasmar a un asesino en la pantalla. «Empatizar con los agresores a través de la historia que han vivido puede hacer que los dolientes se sientan más víctimas todavía de esa injusticia porque se minimiza la gravedad de lo que se ha hecho ya que se da un punto de vista distinto o deja la historia abierta. Esto agudiza la rabia y frustración».

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