El primer y austeriano Labanda, 30 años atrás

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La larguísima relación del ilustrador Jordi Labanda con La Vanguardia se inició hace ahora 30 años, en mayo de 1994, con un pequeño dibujo que representaba a Paul Auster y Siri Hustvedt, ambos escribiendo en sus respectivos ordenadores y mirándose de reojo. Aunque estaba en blanco y negro y el trazo era más esquemático, ya se podía percibir en esas figuras el estilo labandesco. La viñeta se encargó para ilustrar una doble reseña que hizo Robert Saladrigas de los nuevos libros que tenía entonces el matrimonio más famoso de Park Slope en el mercado: Los ojos vendados, la novela con la que debutó Hustvedt, que publicó aquí Circe –con traductor ilustre: Claudio López Lamadrid– y el título de no ficción de Auster El cuaderno rojo, también traducido y prologado por otro ilustre, Justo Navarro. En el texto, Saladrigas traza las influencias cruzadas en el matrimonio de autores y los coloca en la estela de otras duplas como Sartre y De Beauvoir, Moravia y Morante, Aragon y Triolet.

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ROGER CORMAN Y LA MUJER DE 50 PIES

Cuando falleció el cineasta Roger Corman la semana pasada, su ausencia se sintió especialmente en Sitges, en el festival que lo tenía como uno de sus popes y guías. Corman pasó por Sitges en 1998, para recoger la Màquina del Temps, y, de nuevo, en 2010, cuando obtuvo la Maria d’Or junto a su esposa, Julie. Aquel año coincidió con uno de sus protegidos, Joe Dante –a Corman le gustaba presumir de haber dado sus primeras oportunidades a Spielberg, Coppola, Bogdanovich, Sayles y muchos otros cineastas– y dedicó tiempo a todo aquel que se le acercó con un guion o una idea. Le gustó descubrir en varios posters y anuncios, del ya extinto Canal Satélite Digital, una ilustración que referenciaba la que él mismo hizo en 1958 para el cartel de la película El ataque de la mujer de 50 pies, de su amigo Nathan Juran. Preguntado al respecto, dijo al Diario del festival: “Es el símbolo de lo que ocurre en el cine donde suele reeditarse una y otra vez una idea original, añadiendo un detalle particular. Estoy satisfecho de que un cartel que funcionaba bien entonces, lo siga haciendo ahora. Me encanta que en su momento la censura dejara pasar esa idea, sexy espléndida, en la que una mujer tiene las piernas abiertas sobre una autopista y los coches se dirigen hacia su sexo”.

La casa en que vivió Marilyn Monroe

La casa en que vivió Marilyn Monroe

Getty

DERRIBAR O NO DERRIBAR LA CASA DE MARILYN

En 1962, Marilyn Monroe compró una casa en el barrio de Brentwood, en Los Ángeles, por 75.000 dólares y apenas pudo disfrutarla: seis meses más tarde, murió allí, de aparente sobredosis. Un detalle sobre la casa se ha repetido hasta la saciedad en la crónica negra. En el porche, había una baldosa que decía Cursum perficio. Es decir, “el viaje acaba aquí”. La casa ha ido pasando de mano en mano desde entonces, con 14 dueños distintos que han acometido al menos 12 reformas (con permiso), por lo que poco se debe parece ya a la construcción de principios de los sesenta. Sus últimos dueños, el productor de telerrealidad Roy Bank (¡hasta tiene nombre de villano de cómic!) y una heredera de una corporación inmobiliaria llamada Brinah Milstein, habían obtenido permiso del ayuntamiento de Los Ángeles para demolerla, hasta que varios grupos que trabajan por la preservación de bienes de interés cultural lograron parar el derrumbe el pasado enero. Ahora los Milstein Bank se han querellado contra la ciudad de Los Ángeles, argumentando que no queda nada en la casa que contenga la evidencia de que la actriz estuvo allí. “Ni un mueble, ni una muesca en la pintura, ni una moqueta, nada”, escriben en su petición. El juez tiene en sus manos un caso casi filosófico: si la casa de Marilyn Monroe ya no es la que era, pero está en el mismo sitio, ¿sigue siendo la casa?

EL FESTIVAL ANTICOMERCIAL

El Gutter, el festival más desastrado y estimulante de cuántos se celebran en Barcelona, dedicado al fanzinerismo y la autoedición, y su gemelo diabólico, el Anti-Gutter, llevan sobreviviendo desde el 2012 a pesar de que (o precisamente porque), como dicen en su web orgullosamente cutre y sexy, “nadie hace nada” y conciben la organización como algo entre iguales. La cita, que ha ido desdoblándose, empieza con el llamado Anti-Gutter (mercadillo, conciertos y talleres) que se celebra hoy en el CCCB hasta las diez de la noche. Por un total de cero euros que cuesta la entrada (otra rareza del festival es que tampoco cobran a los artistas por exponer y vender su obra), se puede ir a curiosear y llevarse, por ejemplo, un retrato hecho por la artista Nadie, un retrato digital de una mascota, a cargo de Alba Prado, una lámina o una camiseta de Celia Ruiz o un fanzine de Leire Hirmitunai. Además, en el archivo del CCCB se puede ver una exposición de serigrafías de los italianos Strane Dizioni.

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