Un Modi más débil jura el cargo en India

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Narendra Modi ha tomado posesión como primer ministro de la India este domingo por la tarde, en el antiguo palacio virreinal de Nueva Delhi. El político conservador no ha querido perder tiempo, tras el baño de realidad que supuso el escrutinio de las elecciones generales del martes pasado. En ellas, su Partido del Pueblo Indio (BJP) esperaba imponerse de forma aún más arrolladora que en las citas de 2014 y 2019, pero en lugar de eso perdió la mayoría absoluta de la que había disfrutado durante una década.

De este modo, la continuidad de Modi depende ahora de los socios menores de su Alianza Democrática Nacional (NDA). Singularmente de dos partidos que no comparten su visión supremacista hindú y que se han distinguido en el pasado por deshojar la margarita entre el BJP y el Congreso Nacional Indio (INC). Motivo añadido para acelerar los plazos de la investidura.

Estas dos fuerzas, lideradas por dos políticos tan veteranos como el propio Modi -Nitesh Kumar en Bihar y Chandrababu Naidu en Andhra Pradesh- deberán hacerse este domingo con dos y tres ministerios, respectivamente, además de dos secretarías de Estado. En India los favores políticos se pagan por adelantado. El BJP, en cualquier caso, se reserva las cuatro principales carteras, a saber, Finanzas, Defensa, Interior y Exterior, donde repite S. Jaishankar. En total, esta noche han prestado juramento ante la presidenta, Droupadi Murmu, 35 ministros y 36 secretarios de Estado.

Un atentado contra un autobús de peregrinos hindúes en Jammu y Cachemira deja 9 víctimas

Los resultados no dejan de ser una clara victoria para el BJP (240 escaños) frente al INC (99) pese al sustancial retroceso del primero y del avance del segundo. Aunque los resultados por coaliciones son mucho más ajustados, con 293 frente a 234. En India vuelve a haber partido.

El resultado del BJP con Modi al frente es en cualquier caso una proeza, ya que antes que él, solo Jawaharlal Nehru había ganado tres elecciones consecutivas en India, hace más de sesenta años. Sin embargo, Modi ha sido devuelto a la tierra por el electorado, cuando más encumbrado se creía. Tanto es así que hasta Rahul Gandhi, líder del INC, ha ganado su escaño -dos de hecho, aunque deberá renunciar a uno- con mayor diferencia de votos que el propio Modi, elegido en Benarés por un margen mucho más estrecho que hace cinco años.


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El resultado supone un gran alivio para aquellos que denunciaban un autoritarismo en ciernes, en que la separación de poderes estaba bajo amenaza o había dejado de existir. Es cierto que, en estas elecciones, la Comisión Electoral decidió arbitrariamente no amonestar “a los dos números uno de los dos grandes partidos” en caso de que atentaran contra la armonía entre comunidades. Una decisión cuyo único beneficiario, en realidad, era Narendra Modi, que en algunos mítines llegó a advertir a las mujeres hindúes de que una victoria del INC “les arrebataría el mangalsutra” -collar de oro de su boda- para dárselo “a esos que tienen tantos hijos”.

Una de las mayores anomalías de estas elecciones es que el jefe de gobierno del distrito federal de Delhi, el militante anticorrupción Arvind Kejriwal, empezó la campaña en la cárcel y la ha terminado también en la cárcel, por acusaciones que provocan estupefacción. Una aparente arbitrariedad que, sin embargo, no ha sido penalizada por el electorado de la capital, que ha vuelto a dar al BJP todos sus escaños. Cabe señalar que el sistema electoral indio, que emula al británico, da el escaño al ganador de cada circunscripción y deja a los demás sin nada. Un sistema que en la práctica penaliza a colectivos como los musulmanes, que representan el 15% de la población india, pero que apenas cuentan con un puñado de diputados en la Cámara Baja.

El hecho de que el BJP haya perdido el escaño de Ayodhya es sumamente significativo, ya que el partido basó la campaña -y su propia razón de ser- en la inauguración allí del templo de Rama, construido sobre los cascotes de una de las primeras mezquitas mogoles de India. Durante meses, en India prácticamente no se habló de otra cosa. En caso de haber funcionado, había otras mezquitas históricas marcadas para la piqueta. El ministro del Interior también había prometido en los mítines “colgar cabeza abajo” a los marchantes de reses, criminalizados por las leyes de los últimos años.


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Jordi Joan Baños

April 30, 2024, Seoul, South Korea: A Samsung Group flag flutters in front of the company's Seocho building in Seoul. Samsung Electronics Co. said on April 30 that its operating profit shot up more than tenfold in the first quarter, with its chip business shifting to the black for the first time in five quarters. Samsung Electronics, the world's largest maker of smartphones and memory chips, said its operating profit reached USD 4.8 billion for the January-March period, compared with 461,753,340 USD won a year ago..Its sales jumped 12.8 percent to 51,880,048,960 USD, and net profit soared 329 percent to 4,870,552,950 USD, the company said in a regulatory filing.

Pero el paro juvenil del 45%, cuando se habían prometido decenas de millones de puestos de trabajo, les ha estallado en las manos. La construcción de aeropuertos, de adjudicación a menudo bajo sospecha, en un país donde solo toma aviones el 4% de la población -el mismo porcentaje que posee un coche- tiene una rentabilidad electoral limitada, por mucho que haga las delicias de los inversores. Del mismo modo, al indio de la calle de poco le sirve que el valor de la bolsa india se haya multiplicado varias veces con Modi. De hecho, que las empresas cotizadas en Bombay estén sobrevaloradas en un 60% respecto a las cotizadas en Shangai, genera más preguntas que respuestas. Preguntas que un paseo por Bombay está lejos de disipar.

Otra circunstancia que afecta a los resultados, aunque el beneficiario no esté claro, es que el votante solo puede depositar el sufragio en su pueblo de origen. Algo que en la práctica coarta el derecho al voto de decenas de millones -si no cientos de millones- de trabajadores de las grandes ciudades, a menudo originarios de estados lejanos. Por último, subyace la contradicción de un país que se vende como potencia informática pero necesita casi dos meses para completar -en siete fases- su proceso electoral, cuando otras naciones populosas y de logística no menos endemoniada -la inmensa Rusia o la insular Indonesia- lo resuelven prácticamente en un día.

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Masiva concentración para presenciar la ceremonia de juramento en el palacio presidencial de Nueva Delhi, India

Adnan Abidi / Reuters

Cabe decir que este domingo han acompañado a Modi en su toma de posesión los jefes de estado o de gobierno de siete países vecinos, como Bangladesh, Nepal, Sri Lanka, Maldivas, Bután, Mauricio y Seychelles (vicepresidente). Otros mandatarios vecinos, en China o Pakistán, se han resistido hasta hoy a felicitar a Modi por su victoria o -en el caso de Pekín- la felicitación se ha reducido al tuit de un portavoz.

El resultado electoral, en cualquier caso, devuelve la dialéctica política a Nueva Delhi, donde durante diez años ha habido un monólogo. INDIA (Indian National Development Inclusive Alliance) es el nombre de la coalición forjada para la ocasión, en la que varios partidos regionales fuertes en Uttar Pradesh, Bengala Occidental y algunos otros estados han marcado la diferencia. Aunque también Rahul Gandhi se ha perfilado, por primera vez, a sus 53 años, como un rival creíble, en la que podía haber sido la última oportunidad para los herederos de la dinastía Nehru-Gandhi.

El problema del BJP es que ahora sabe que Modi tocó techo hace tiempo. Pero sin Modi, sus resultados caerían de forma todavía más acelerada. Las dudosas alternativas manejadas hasta ahora, su mano derecha y director de campaña, Amit Shah, o el jefe de gobierno de Uttar Pradesh, un yogui que se hace apodar Adityanath, han salido todavía más magullados de la contienda.

La toma de posesión ha quedado ensangrentada por un atentado terrorista perpetrado pocas horas antes en Jammu y Cachemira. Un autobús de peregrinos hindúes habría sido acribillado en las cercanías de la llamada Cueva de Shiva, 150 kilómetros al norte de Jammu y cerca ya del valle de Cachemira. Los disparos habrían hecho que el vehículo se despeñara al fondo de un barranco y hay como mínimo nueve muertos. Cabe decir que durante la anterior legislatura, el BJP separó a Ladakh de Jammu y Cachemira y eliminó el autogobierno del antiguo principado, reduciéndolo a la condición de territorio de la Unión, dirigido desde Nueva Delhi.

Pero el paro juvenil del 45% les ha estallado en las manos

En la tercera legislatura del BJP se preveía un nuevo giro uniformizador, pero la dependencia de varias fuerzas de carácter regional -afortunadamente, tanto del norte como del sur- lo hacen mucho más improbable. Tal como ha destacado hoy el líder de uno de estos partidos menores: “Esto ya no es un gobierno del BJP, es un gobierno de la coalición NDA”. El BJP deberá encomendarse a sus mejores astrólogos para desentrañar sus posibilidades de que Modi o cualquiera de sus correligionarios complete la legislatura.

Mientras que Nitish Kumar -al frente del populoso Bihar- tiene una oportunidad de oro de reducir el abismo entre su empobrecido estado y el resto del país. Lo mismo vale para Chandrababu Naidu, que acaba de ganar también las elecciones a la asamblea de Andhra Pradesh, estado demediado desde la escisión de Telangana, que se llevó Haiderabad, la joya de la corona. Su capital de nueva planta, Amaravati, que nunca ha terminado de arrancar, podría tener, gracias a la actual aritmética parlamentaria en Nueva Delhi, una segunda oportunidad.

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