El pensador del 2024, por Fèlix Riera

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En el marco de la excelente exposición que se puede contemplar estos días en la Virreina sobre la obra de Jeff Wall, Cuentos posibles, nos interpela especialmente la pieza que lleva por título El pensador, una fotografía fechada en 1986. A diferencia del grabado Melancolía I, 1515, de Alberto Durero, donde vemos a un ángel meditando y obra en la que se inspira Wall para desarrollar su pensador, y de las esculturas de Il penseroso, 1534, de Miguel Ángel, que nos muestran a un Lorenzo de Médici melancólico y absorto en sus pensamientos, y El pensador, 1882, de Auguste Rodin, obra en la que las facciones del rostro y la tensión del cuerpo son la expresión física del pensar, Wall nos ofrece una representación luminosa, pues se trata de una transparencia fotográfica sobre caja de luz, de la desilusión y el desencantamiento. Vemos a un hombre de mediana edad sentado, pensativo, divagando, dejando que su mirada vuele triste y cansada sobre la ciudad. La espada que sobresale de su espalda no produce dolor, sino que muestra la herida infligida por el momento que le ha tocado vivir.

El propio Wall destaca que su obra El pensador es un “monumento al desencanto”. El pensador desencantado, obra que Wall realizó en 1986, está desilusionado y abatido por lo que le ha tocado vivir, por lo que está presenciando. En el año 1986 el transbordador espacial Challenger explotó poco después de su lanzamiento, y murieron como consecuencia de la explosión siete miembros de la tripulación; también se produjo la catástrofe de Chernóbil en Ucrania, considerado como el peor accidente nuclear de la historia y que se convirtió en la imagen del derrumbamiento moral y tecnológico de la Unión Soviética, de la que Ucrania formaba parte. El pensadordel 1986 no representa al humanista, poeta o filósofo que reflexiona, como evoca la escultura de Miguel Ángel y de Rodin , sino la de un trabajador atrincherado en sus pensamientos.

El pensador, una fotografía fechada en 1986 de Jeff Wall, en su obra Cuentos imposibles

  

Fèlix Riera

Si extendemos la imagen icónica que nos legó Durero, Miguel Ángel, Rodin y Wall hasta el presente, nos percatamos de que el pensador actual, en el 2024, sería un monumento dedicado al extravío, al desconcierto, a la confusión. Sería un pensador que no alcanza a comprender las motivaciones que siguen consolidando la estética y moral de la guerra en Ucrania y Gaza, el ascenso del populismo, la pulsión destructora de los hombres para invocar las catástrofes de la guerra, esperando que vuelva a ocurrir un asesinato parecido al del archiduque austrohúngaro Francisco Fernando y su esposa en manos de nacionalistas serbios para provocar una tercera guerra mundial. En pocos meses, hemos asistido al intento de asesinato de Roberto Fico, primer ministro eslovaco. El pensador del 2024 no sabe cómo actuar ante la máquina de crear ficciones de la política que convierte cualquier problema en un conflicto irresoluble.

La fotografía de Jeff Wall, es, según el propio artista, “un monumento al desencanto”

Los resultados de las elecciones europeas inauguran un nuevo momento político que se expresa en el anhelo de los ciudadanos de retornar al orden y la seguridad. Sin embargo, si nos detenemos con mayor atención en el pensador del 2024, que piensa aislado en su hogar/refugio, observaremos que sus preocupaciones se centran en poder despertar de la ficción política en la que vive inmerso; una ficción política que acaba produciendo divisiones en el seno de la sociedad, promulga nuevas fronteras, reclama la y, sobre todo, edifica las nuevas periferias del espíritu humano. Lo que lleva a muchos ciudadanos a adoptar la actitud del pensador extraviado es la sensación de que sus vidas van a la deriva y que es el miedo­ al futuro lo que los guía.

La Unión Europea, que nació para tomar conciencia de que la paz era el único camino para una reconstrucción material y moral, ahora se convierte en un campo de agitación de bajas pasiones estimuladas para abrazar causas que nada tienen que ver con la realidad en la que viven las personas. El pensador del 2024 se ve sometido a una serie de potencias tecnológicas, económicas, políticas y geoestratégicas que lo llevan a un estado de impotencia y rabia que son los materiales de construcción de la Europa en la que viviremos. Para entender un poco mejor lo que está ocurriendo en Catalunya, España y Europa, debemos em­pezar a considerar no solo lo que está ocurriendo en el mundo, sino también lo que están pensando los ciudadanos sobre­ su vida, más allá de los algoritmos y los datos.

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