‘Shayda’, la película sobre la valentía de las mujeres iraníes que ha entusiasmado a Cate Blanchett

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Noora Niasari tenía solo cinco años cuando ingresó junto a su madre en un centro de acogida para mujeres maltratadas en Australia. Era la década de los noventa y la madre, de nacionalidad iraní, temía que su marido secuestrara a la pequeña después de huir de él. Fueron tiempos complicados, con sus sombras y también sus luces, que Niasari ha querido convertir en su primera película con el protagonismo de la actriz Zar Amir Ebrahimi -premiada en Cannes por Holy Spider en 2022- en la piel de la Shayda del título. El filme llega a la cartelera este viernes 28 de junio.

“Sentía que mi historia tenía que ser contada y quería capturar aquella experiencia de la forma más auténtica posible”, comenta la cineasta por videoconferencia a La Vanguardia, quien ha colaborado con su madre para confeccionar un relato conmovedor con el que rinde un homenaje a la valentía de su progenitora y la de todas las mujeres iraníes que han luchado y luchan por sus derechos. “Ella realmente me ayudó en las etapas iniciales, escribiendo unas memorias para llenar todos los vacíos de mis recuerdos de infancia. Estoy feliz de haber compartido juntas este viaje. Hay mucha autenticidad y honestidad en la descripción de la experiencia, pero obviamente hay elementos ficticios porque también quería hacer una pieza de cine entretenida que pudiera exhibirse en varios países”, explica. 

La directora Noora Niasari

La directora Noora Niasari

Keiran-Watson Bonnice

Su puesta de largo fue en el Festival de Sundance, donde logró el premio del Público. “Recuerdo que sentía mucha presión porque hacía solo unos días que habíamos acabado la película y fue una de las primeras en proyectarse. Entre el público había mujeres y hombres de diferentes orígenes y edades que nos contaron sus historias sobre violencia doméstica y los problemas que tuvieron con sus hijos. Me di cuenta de lo universal que era la película, que no era solo nuestra historia, que es la historia de todos. Fue realmente reconfortante que conectara con la gente de esa manera”. 

En la película, Mona -su álter ego- sufre pesadillas, aunque su madre le dice que no debe tener miedo. El juez permite al padre que visite a la niña hasta que llegue la audiencia por la custodia. Él quiere volver a Irán tras graduarse en medicina en Australia e insiste a su hija en su deseo de ser una familia de nuevo, pero está claro que no va a cambiar. Espía a su todavía esposa y le reprocha que salga con nuevas amistades. “He hecho mucha terapia para procesar todo lo que pasé” -confiesa Niasari- “Cualquiera que fuera el miedo, la ansiedad o la confusión que llevaba conmigo se ha convertido en algo que he transformado en términos de poder hacer arte. Y estoy centrada en el futuro en lugar de estar inmersa en el pasado y el trauma”. 

La actriz Zar Amir-Ebrahimi encarna a la madre de la cineasta en la película

La actriz Zar Amir-Ebrahimi encarna a la madre de la cineasta en la película

Caramel Films / LaZona

La directora incide en que era importante hacer “una historia de supervivencia más que de victimismo. Y es por eso que nunca ves flashbacks. Incluso cuando comienza la película, no sabes exactamente qué sucedió. Depende del público reconstruirlo y estar realmente presente con Shayda y Mona en su vida diaria”. En la casa de acogida hay otras mujeres con sus hijos. A veces hay disputas, pero suelen ayudarse las unas a las otras. “Cada una acarreaba su historia personal, pero se podía contar con ellas. Pese a que venían de lugares distintos, compartían experiencias comunes y eso hizo que el centro de acogida fuera un ambiente agradable”, rememora. 

He querido hacer una historia de supervivencia más que de victimismo


Noora Niasari

En medio de ese panorama, la película transmite el vínculo estrecho que se va forjando entre madre e hija fuera de su familia en Irán. Shayda enseña a Mona a celebrar el Nowruz -fiesta que marca la llegada de la primavera y el primer día del año en Irán- a leer poesía y a bailar música persa. “En realidad nunca bailamos en el refugio música persa con otras mujeres. Eso fue ficticio, pero me gustó  para el personaje y la película. Mi madre siempre ha sentido pasión por su cultura. Lo encontré tan hermoso que quería que la película tuviera esa esperanza y esa luz”, manifiesta la realizadora, que fue nominada a mejor dirección novel en los pasados Premios del Sindicato de Directores. 

La película cuenta, además, con la producción ejecutiva de la oscarizada actriz australiana Cate Blanchett. “Vincent Sheehan, uno de mis productores, había trabajado con ella y le mandó el guion. Dijo que le encantó, que se identificó con el personaje primero como mujer y luego como madre. Lo vio como una historia universal y quería apoyar la película, lo cual fue sorprendente. Que alguien tan inteligente como ella, con tanta conciencia política y social respalde tu primer filme, es increíble”. 

Shayda baila junto a otras mujeres del centro de acogida

Shayda baila junto a otras mujeres del centro de acogida

Caramel films / LaZona

Niasari también habla maravillas de Zar Amir Ebrahimi, popular actriz nacida en Teherán que en 2008 tuvo que exiliarse a Francia tras salir a la luz un vídeo íntimo por el que fue castigada con una condena a prisión y noventa y nueve latigazos. “Me mandó una prueba de vídeo y a los diez segundos supe que era ella. Zar tiene esa vulnerabilidad y al mismo tiempo una fuerza que es realmente palpable en sus ojos y aportó mucho al papel. Fue extraordinario trabajar con ella. Nos hemos hecho amigas. De hecho, estamos trabajando juntas en otro proyecto”. 

Y es que Shayda es el primer filme de una trilogía sobre mujeres iraníes. El guion de la segunda entrega la está escribiendo ahora, tendrá más elementos de comedia e irá sobre dos mujeres iraníes exiliadas en Francia. La directora nació en Irán y creció en Australia. Ha viajado a su país natal unas cinco veces para visitar a su extensa familia. “Siempre es un reto ir allí. Me resulta difícil usar hijab y tener que comportarme de cierta manera en público. Siento como si estuviera entre dos mundos. No encajo del todo allí ni aquí. Pero definitivamente me siento más como en casa en Australia”.

Siempre es un reto ir a Irán. Me resulta difícil usar hijab y tener que comportarme de cierta manera en público. Siento como si estuviera entre dos mundos. No encajo del todo allí ni en Australia

Su idea era ser arquitecta. Todo cambió cuando se apuntó a un taller de cortometrajes en Gales y “me enamoré de la narración”. Hizo sus pinitos en el documental y cursó un master en cine narrativo en la Universidad de Melbourne. No tiene pensado filmar en su país de origen. “Irán tiene algunos de los mejores cineastas del mundo y solo espero que algún día puedan hacer sus películas sin censura. Yo veo mi papel como el de una cineasta de la diáspora”. 

Desde la distancia siente orgullo de la revolución liderada por las mujeres en Irán. “Pienso que la situación allí sigue siendo muy difícil para ellas, pero ha habido una especie de punto sin retorno después del Movimiento Mujer, Vida y Libertad de 2022 y el asesinato de Mahsa Amini. Porque el mundo entero ha sido testigo de este movimiento femenino, que realmente destacó la valentía y el coraje no sólo de las mujeres iraníes, sino de la juventud de Irán y por lo que realmente luchan y mueren. Y eso es libertad, eso es querer tener control sobre sus cuerpos, sobre la forma en que viven su vida». 

Shayda y su hija Mona

Shayda y su hija Mona

«Y aunque Shayda está ambientada en los años 90 -prosigue-, mi madre es una de esas mujeres valientes iraníes que luchan por sus vidas, por la supervivencia y la independencia. La única diferencia es que ella se fue, se quedó en Australia y buscó allí su libertad”. Niasari ve un paralelismo entre la película y lo que está sucediendo en Irán. “Creo que las historias de la diáspora son importantes por ese motivo. Le dan una perspectiva diferente a lo que está sucediendo hoy”, concluye.

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