Tropical, salvaje, de aguas frías… ¿Con cuál de estas playas te quedas?

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El verano, además de ser sinónimo de calor, para una inmensa mayoría de personas significa tiempo de vacaciones, viajes y playa. Es evidente que existen casi infinitas formas de gozar de las vacaciones y por supuesto mil maneras de plantearse un viaje. Así que ocurre lo mismo con las playas. Hay muchísimas repartidas por todo el mundo y las hay para todos los gustos e intereses.

Al fin y al cabo, disfrutar de unos días de playa va mucho más allá de tumbarse al sol y comer en el chiringuito. En ellas es posible hacer deportes acuáticos, aprender algo de historia, sentirse como en una película o tener el privilegio de darse un baño en un espacio natural protegido. ¡E incluso es posible pasar más frío de la cuenta! Y por supuesto dejarse caer en la tumbona en un paraje de ensueño. Basta con saber elegir el destino.

Playas idílicasy tropicales

Playa de Nungwi, en el océano Índico

Playa de Nungwi, en el océano Índico

OLHA SOLODENKO

La imagen más deseada es la de cálidas playas de arenas blancas, aguas turquesa y palmeras para resguardarse del sol. Arenales de postal en paraísos tan lejanos como habituados a recibir en sus confortables resorts a los viajeros de latitudes más frías y ricas.

Quizás las más conocidas sean las playas caribeñas de habla española como Tulum en la Riviera Maya, de México. Pero hay muchas otras alucinantes como las playas de las islas Gili, en Indonesia, la Karumba Beach, que representa a las mil maravillas al archipiélago de las Maldivas, o esa joya que es Zanzíbar, donde es posible disfrutar de playa Nungwi.

Baños de cine

Waikiki Beach, un playa de cine

Waikiki Beach, una playa de cine

Getty Images/iStockphoto

Hay playas que se han convertido en platós cinematográficos. Pero acabados los rodajes, cualquiera es libre de bañarse y pasear por donde lo hicieron estrellas de Hollywood. La lista de playas unidas al celuloide es inmensa para que cada cual pueda ser el protagonista de un viaje inolvidable.

¿Qué tal ir hasta Waikiki Beach en Hawái para imitar a Burt Lancaster y Deborah Kerr en De aquí a la eternidad? ¿Por qué no ser Indiana Jones caminando por la playa de Mónsul en Almería? ¿O cantar como locos las canciones de Mamma Mia en la playa de Kastani, en Grecia? Aunque esa fama también acarrea problemas como en Maya Bay, Tailandia, donde se rodó La playa con Leonardo DiCaprio y que tuvo que cerrarse al turismo para conservarla.

Cambiar la arena por roca y guijarros

El Charco Azul, en la isla canaria de El Hierro

El Charco Azul, en la isla canaria de El Hierro

Propias

La belleza playera no siempre se basa en el canon tropical. Ahí playas preciosas donde a la crema solar, el sombrero y el traje de baño se suma otro elemento clave. El calzado apropiado para pisar los guijarros de la orilla o las rocas que hay en los fondos acuáticos.

Si bien protegerse los pies es un minúsculo peaje pagado con gusto en lugares como la playa Roja de la isla de Santorini que a veces pasa desapercibida a los turistas apresurados. Tampoco los guijarros afean las playas croatas bañadas por el Adriático, como la de Dubovica, en Hvar. Mientras que las rocas negras le aportan encanto al Charco Azul, en la isla canaria de El Hierro.

Para refrescarse de lo lindo

Horizontal

Playa de Brighton (Inglaterra)

Terceros

Hay quien prefiere sensaciones más fuertes que unas aguas cálidas. Tal vez a muchos les pueda parecer una experiencia muy loca, pero en los fríos mares de la Europa septentrional también es posible pasar una típica jornada de playa.

Es cierto que el clima por esas tierras es el que es, así que la temporada de baños es corta. Sin embargo, el sol estival anima a los bañistas a acercarse a sitios del mar del Norte como Scheveningen, a un paso de La Haya, o a la playa sueca de Falsterbo bañada por el Báltico. Por no mencionar la de Brighton, al sur de Inglaterra, que siempre fue el destino vacacional preferente de las élites británicas.

De la playa a la plaza

IPANEMA, Río de Janeiro (Brasil). Es una de las playas cariocas más emblemáticas. Más tranquila que su vecina Copacabana, se extiende alrededor de 2 km entre el Arpoador y Leblon. De arena blanca y aguas azules, es una de las predilectas por los surfistas

Ipanema es una de las playas cariocas más emblemáticas

Johnny Greig

Otra opción es combinar el turismo urbano y el playero, alternando la toalla y los paseos por la orilla con las actividades más atractivas de las ciudades. Desde visitar un museo hasta darse un festín en restaurantes de categoría, pasando por vaciar la cartera en una tarde de shopping.

Lo cierto es que ciudades con playa hay muchas. Pero algunas son especialmente apetecibles. Sin ir muy lejos, San Sebastián cuenta con la Concha, que siempre aparece entre las mejores playas urbanas del mundo. Aunque si saltamos el charco hay dos urbes que cuentan con arenales emblemáticos. Uno sería South Beach, en Miami, visto mil veces en televisión. Mientras que Río de Janeiro presume de dos mitos playeros: Ipanema y Copacabana.

Paraísos naturales

Playa de Rodas, en el parque nacional de las Islas Cíes

Playa de Rodas, en el parque nacional de las Islas Cíes

Getty Images/iStockphoto

El aspecto natural siempre es un valor añadido. Una pequeña cala cercada por acantilados o un bosque protegiendo el arenal aumenta el valor de cualquier playa. No obstante, las hay que llevan la esencia natural más allá, hasta convertirse en espacios protegidos.

Así ocurre en la playa de Manuel Antonio que da nombre al parque nacional más visitado en Costa Rica. Mientras que en Creta es toda una experiencia gozar de la playa Elafonisi, espacio de desove habitual para las tortugas del Mediterráneo. Y también en España se cuenta con ambientes tan especiales como la playa de Rodas en las islas Cíes, integrada en el parque nacional de las Islas Atlánticas de Galicia.

Playas cargadas de historia

Playa de la Bolonia

Playa de la Bolonia

Propias

El legado histórico no está reñido con el turismo playero. Al fin y al cabo, grandes civilizaciones estuvieron íntimamente ligadas al mar y por lo tanto han dejado su huella en playas y aledaños. O sea, que hay sitios donde los chapuzones se enriquecen con un toque cultural.

Un ejemplo magnífico en el litoral español es la playa de Bolonia en Cádiz, ya que ahí mismo se guardan los vestigios de la ciudad romana Baelo Claudia. Y siguiendo con yacimientos, a un paso de la siciliana de Scala dei Turchi están los templos griegos de Agrigento. Mientras que en Chipre se vive la mitología en Petra tou Romiou, una legendaria playa donde se cuenta que nació la sensual diosa Afrodita.

Para los más activos

Huntington Beach

Huntington Beach

Getty Images/iStockphoto

Hay formas muy relajadas de disfrutar de las playas y otras más dinámicas. Los amigos de los deportes náuticos bien lo saben. Nadar, bucear, cabalgar las olas, remar,… las opciones se multiplican para gozar del mar de una forma activa.

De hecho, actividades como el buceo o el kite son motivo para recorrerse el mundo, desde los arrecifes de la Polinesia hasta los vientos de las playas de Fuerteventura. Aunque tal vez el deporte playero por antonomasia sea el surf. Y hablando de tablas y olas hay que mencionar playas fabulosas de California como Huntington Beach. Si bien el surf se practica, y mucho, en Europa. De hecho en la lusa de Nazaré se cabalgan las olas más grandes del mundo.

Una playa sin ver el horizonte

Playa de Gulpiyuri en verano

Playa de Gulpiyuri en verano

blablabla arbliblibli- Flickr

Queda clara la variedad de playas y los motivos para visitarlas. Si bien todos los casos citados tienen algo común. Y es que al acercarse en la orilla del mar siempre queda ante los ojos el horizonte. En cambio, hay una playa española que merece el viaje por el simple hecho de experimentar todo lo contrario.

Se ubica en la costa oriental de Asturias y se llama Gulpiyuri. Un enclave tan pequeño como excepcional. El lugar casi se inunda con cada marea alta, pero la bajamar deja un arenal blanco de fantasía. Sin apenas oleaje, ya que el agua del Cantábrico solo llega a través de conductos submarinos bajo el acantilado que queda justo enfrente. Una playa única.

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