El renovado poderío de Sílvia Pérez Cruz, por Esteban Linés

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Hace prácticamente un año, Sílvia Pérez Cruz presentaba en el barcelonés teatro Tívoli su flamante nuevo álbum, el doble Toda la vida, un día , en donde proponía un particular recorrido por la existencia de una persona. Propuesta discográfica y conceptual bastante atípica en los tiempos musicales y mercantiles que corren, pero que mala no debe serlo, aunque solo fuera por el beneplácito de la profesión, ya sea la Academia de la Música (mejor álbum de cantautor) o el reciente premio Alícia a la mejor producción.

Y con esta obra a modo de columna vertebral, la de Palafrugell apabulló en todo el significado del término en la apertura el miércoles del festival Grec. Lo fue porque la dimensión de la propuesta ofrecida a lo largo de unas tres horas era variada, personal, rica, comprometida y fundamentada en la complicidad e intercambio de fuerzas y arte de ella con la sesentena (el doble de los de hace un año en el Tívoli) de músicos, cantantes y también bailarines/as que la arroparon. Este tejido creativo enraizado en el trabajo colectivo de unas dimensiones realmente notables no es algo muy habitual de ver y sobre todo paladear en estas latitudes. Una red emocional y sonora que era también todo un reto para Pérez Cruz, ya que se trataba de un engranaje no precisamente sencillo de encajar y, por otra parte, la materia prima ofrecida no tenía por qué ser obligatoriamente un manjar para toda la legión de aficionados que llenaron el anfiteatro. Ya fuera por sus propios ingredientes o por la larga duración de la velada .

La catalana exhibió en el Grec dominio y un ambicioso salto cualitativo en su propuesta

Las mencionadas tres horas –sin comparar, pero es un periodo de tiempo que cuando lo ofrece, por ejemplo, Bruce Springsteen es visto como un generoso regalo muy bienvenido– que algunos de los asistentes valoraban como demasiado prolongadas, le sirvieron a la música, intérprete y cantante (su hermosa y modulada voz sigue allí, en la cima) a ofrecer una amplia mirada sobre su actual momento creativo, que sin duda es el mejor y más jugoso de su ya dilatada carrera (aunque solo tenga 41 años). En esta valoración cuenta mucho su condición defactótum, de todo este montaje, de comprobar su contrastado y eficaz dominio escénico, al que hay que sumar además su capacidad, por ejemplo, de dirección-estímulo de la masa corística o de los combos instrumentales cuando se terciaba. Y en absoluto de cara a la galería.

Este perceptible salto de nivel también se podía percibir en su característica naturalidad y espontaneidad sobre el tablero del directo: ha entrado también en el grado de excelencia, sabiendo cuando ceder y/o compartir el protagonismo de forma justa y natural. Y si a todo ello hay que añadir su inclinación al mestizaje musical, que en su caso deviene cultural, una apuesta pensada y equilibrada y que de hecho cohabita desde los inicios de su periplo: la mirada flamenca que ofreció con un elenco de voces más el baile de Karen Lugo, o el final de sesión, colectiva y sabrosona, con el cubano Roly Berrío, fueron momentos especialmente disfrutados por todos los asistentes. Sin olvidar la justificada y emocionante intervención de la poetisa palestina Farah Chamma. Todo un acierto se mire desde donde se mire.

FOTO ALEX GARCIA EL CONCIERTO DE SILVIA PEREZ CRUZ INAUGURA EL FESTIVAL GREC 2024/06/26

Sílvia Pérez Cruz, el miércoles por la noche, durante la inauguración del Grec

Àlex Garcia

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