Francia salva a Europa, por Enric Juliana

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El resultado electoral francés es de vital importancia para la estabilidad de la Unión Europea cuando solo faltan cuatro meses para la celebración de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. En menos de una semana, los irresponsables que condujeron al Reino Unido a la ruina del Brexit han perdido las elecciones a la Cámara de los Comunes, y en Francia, la República ha parado los pies a Vichy.

¿Qué pasará ahora? Dejemos que los acontecimientos discurran. Se abrirá con toda seguridad un periodo de compleja reorganización política que concluirá con las elecciones presidenciales del 2027. Jean-Luc Mélenchon, líder de la Francia Insumisa, no va a ser el próximo primer ministro -Macron ha pedido a Gabriel Attal que siga para garantizar la estabilidad-, y vamos a asistir muy probablemente al resurgir del Partido Socialista. Presten atención a la figura de Raphaël Glucksmann, hombre clave en esta campaña electoral. Para que la izquierda y los centristas pudiesen cruzar sus estrategias hacia falta un eslabón entre el jupiterino Emmanuel Macron y el volcánico Mélenchon. Ese eslabón ha sido Gluksmann, que en las europeas encabezó la lista del PS en calidad de independiente. Mélenchon, gato viejo, reivindicará su papel en la victoria del Nuevo Frente Popular y si su carácter no le traiciona no bloqueará la formación de un gobierno de centro-izquierda, para acudir a las próximas elecciones presidenciales con una imagen constructiva. Si su carácter no le traiciona. Al respecto sugiero que vean la extraordinaria serie francesa de televisión Baron Noir.

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Manifestantes en la plaza de la República 

Aurelien Morissard / Ap-LaPresse

Malas noticias para el Kremlin, que deseaba fervientemente la victoria del Reagrupamiento Nacional para romper el eje franco-alemán, acabar de sembrar la confusión en la Unión Europea y aislar al gobierno de Ucrania en vísperas de las elecciones presidenciales norteamericanas. Presten atención al siguiente dato. Días antes de la segunda vuelta francesa, el primer ministro húngaro Víktor Orbán ponía en marcha, con mucha ambición y cuantiosos recursos económicos, una nueva plataforma de la extrema derecha en el Parlamento de Estrasburgo que adoptará el nombre de Patriotas por Europa. Vox se sumó a esa plataforma el pasado viernes, dejando en la estacada a la primera ministra italiana Giorgia Meloni. La apuesta del partido de Santiago Abascal por Orbán inició una cadena de adhesiones que tenía que culminar con la entrada del Reagrupamiento Nacional francés en la nueva casa común de los nacional-populistas.

La operación estaba perfectamente sincronizada: la victoria de RN en Francia tenía que coincidir con el despliegue de Patriotas de Europa como tercer grupo de la Eurocámara. En pocas horas, la política europea habría dado un vuelco espectacular. Hoy la Unión Europea podría estar ante una grave crisis de consenso interno, con Donald Trump aproximándose de nuevo a la presidencia de los Estados Unidos y Vladímir Putin acariciando un gatito de angora en el ala Este del Kremlin. Creo que no hace falta un croquis para explicar la operación. Vox no faltó a la cita.

El pueblo francés ha hablado y ha dicho no a un gobierno de la extrema derecha. La República se ha impuesto a Vichy

El resultado final de las elecciones francesas ha causado sensación y sorpresa. La victoria del Nuevo Frente Popular no estaba en el guion. La resurrección de Emmanuel Macron parecía imposible. Y nadie imaginaba el descenso del Reagrupamiento Nacional a la tercera posición. El pueblo francés ha hablado y ha dicho no a un gobierno de la extrema derecha. La República se ha impuesto a Vichy.

La primera lección que cabe extraer de las emocionantes elecciones francesas es que vivimos una época en la que nada se puede dar por seguro, digan lo que digan los sondeos, las redes sociales o las grandes cadenas de televisión. Cuando los ciudadanos toman conciencia de estar ante una encrucijada histórica preservan con mucho celo su decisión en las urnas, porque el derecho a voto empieza a ser vivido como el último reducto de la libertad, de la verdadero libertad, en un mundo confuso, en el que cada vez hay más órdenes que vienen de “arriba”.

Nada se puede dar por hecho en la actual fase histórica. Ha concluido el tiempo de las grandes seguridades, iniciado durante la posguerra europea. Vamos a vivir una etapa, quizá muy larga, de grandes batallas políticas, económicas e ideológicas, cuyo desenlace no está escrito de antemano. Maquiavelo decía que la Virtud y la Fortuna son las fuerzas que deciden la política, sin precisar en qué proporción. En los tiempos actuales Virtud significa inteligencia, brío y determinación. Los demócratas franceses han demostrado carácter estos días. El presidente Macron ha arriesgado mucho, pero no estaba loco cuando decidió convocar de manera urgente unas elecciones legislativas que clarificasen el panorama cuanto antes, después del shock de las elecciones europeas del 10 de junio, que preanunciaban una victoria aplastante del RN. Al final Macron no ha sido Nerón, aunque la victoria de la izquierda no figuraba en sus planes. Algunos comentarios sobre el presidente francés escritos en las últimas semanas seguramente deberán ser revisados.

FILE - Leader of the French far-right National Rally Marine Le Pen, left and lead candidate of the party for the upcoming European election Jordan Bardella during a political meeting on June 2, 2024 in Paris. France's far-right leader has contradicted the country's constitution when she raised the question of who would be in charge of the military if her hostile National Rally takes over the government after the election. (AP Photo/Thomas Padilla, File)

Marine Le Pen con Jordan Bardella, el candidato de Reagrupamiento Nacional 

Thomas Padilla / Ap-LaPresse

“Hay que parar al Reagrupamiento Nacional. Votaré al candidato comunista de mi departamento”, dijo el pasado jueves Edouard Philippe, ex primer ministro del Gobierno de Francia (2017-2020), antiguo ministro del Interior, alcalde de Le Havre, miembro de Los Republicanos (última encarnación del gaullismo) después de haber pertenecido al ala derecha del Partido Socialista. Tomen nota de esas palabras. Ese es el mecanismo que ha derrotado a Marine Le Pen y a su joven valido, Jordan Bardella, personaje que parece recién salido de una película noir de Jean-Paul Belmondo. La izquierda ha votado a los candidatos macronistas mejor situados y los centristas han votado a la izquierda en aquellos departamentos en los que el Nuevo Frente Popular podía ganar. No hubo un acuerdo formal entre ambos bloques. No hubo ningún pacto por escrito. Hubo un gesto: más de doscientos candidatos que estaban en tercera posición se retiraron. Los votantes entendieron ese gesto y no lo desmintieron con su voto. Francia ha dado una gran lección de inteligencia política.

¿Repercusiones en España? Muchas y todas ellas importantes. No habrá crisis en la relación entre ambos países, aunque se mantendrán abiertos los intereses contrapuestos. El mantenimiento de la estabilidad europea ayuda al Gobierno de Pedro Sánchez e invita al Partido Popular a reflexionar seriamente sobre su relación con la nueva versión de Vox, que ha decidido volar hacia Moscú. Felipe González, premio Carlomagno en 1993, sabrá tomar nota de los resultados y no hará más bromas sobre Santiago Abascal como el hombre ahora necesario para arreglar asuntos con Francia.

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