Gustavo Dudamel se lleva la A mayúscula de amigo de Barcelona

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El mundo musical barcelonés se ponía guapo esta tarde de miércoles para asistir al acto de reconocimiento de Gustavo Dudamel como Amigo de Barcelona, un título honorífico que le otorgaba el alcalde, Jaume Collboni, al revolucionario director de orquesta venezolano en presencia de lo más granado de la profesión que aglutina la clásica y la ópera en Catalunya. 

Acompañado por su familia -su abuela, padres e hijo-, Dudamel ha atendido y asentido a las razones por las que el pleno municipal ha querido ligar su persona a Barcelona, de cuya identidad, según ha recordado el acalde, forma parte la música. Representantes de las instituciones musicales y educativas además de artistas y compositores han seguido las glosas sobre la persona del maestro, desde aquel 2008 en que se presentó en el Palau de la Música como flamante titular de la Sinfónica de Goteborg, hasta su última demostración de compromiso con la igualdad y la integración que fue el Fidelio de Beethoven con lengua de los signos. 

Me gustaría trazar el hilo que une la batuta sabia y entusiasta de Gustavo con esta ciudad”


Jaume Collbonialcalde de Barcelona

“Me gustaría trazar el hilo que une la batuta sabia y entusiasta de Gustavo con esta ciudad”, añadía Collboni, agradecido por su contribución a consolidar Barcelona “como una de las capitales de la clásica a nivel europeo que es”. “¡Que no falte la música ni la amistad! Esa amistad que se fundamenta en los valores que compartimos: su cultura de la paz y sus sentido de la justicia social. Y por hacer de la música un instrumento de transformación social dando oportunidades en todo el mundo”, recordó, alegando que su “aportación va más allá de la partitura”.

La llegada al Ayuntamiento, con Jaume Collboni saludando al maestro en presencia de Víctor García de Gomar, director artístico del Liceu (iqz.) y Xavier Marcé, regidor de Cultura

La llegada al Ayuntamiento, con Jaume Collboni saludando al maestro en presencia de Víctor García de Gomar, director artístico del Liceu (iqz.) y Xavier Marcé, regidor de Cultura

Laura Guerrero/Ayuntamiento

Tras darle gracias el alcalde “por ser como eres” y recordar que el viernes Dudamel dirigirá el segundo de los conciertos del Clàssica a la Platja que da el disparo de salida de la Regata cultural del Copa América, fue el director del Palau de la Música Catalana, Joan Oller, quien resumió la trayectoria del carismático maestro nacido en 1981: con 4 años ya estudiaba violín en el Sistema de orquestas infantiles y juveniles que fundó, hace ahora medio siglo, el maestro José Abreu. A los 14 ya estudiaba dirección orquestal en Caracas; a los 19 era nombrado director titular de la Orquesta Simón Bolívar, y a los 24 ganaba el Gustava Mahler de dirección orquestal y comenzaba a debutar con las grandes y a firmar con Deutsche Grammophon…

Ha sido un soplo de aire fresco para la clásica, ha revolucionado la dirección orquestal y ha tenido una visión del poder de la música»


Joan Ollerdirector del Palau de la Música Catalana

El resto es historia. Una historia de la que Barcelona ha formado parte, incluida la invitación de John Williams a dirigir La guerra de las Galaxias, y cuyos frutos también se verán el viernes en la playa de Sant Sebastià, ante 30.000 personas y la audiencia potencial de Betevé. El director más joven en asumir el Concierto de Año Nuevo (2017) y en entrar en el Paseo de la Fama de Hollywood (2019), ha supuesto, según Oller, un “soplo de aire fresco para la clásica”. “Por un lado ha revolucionado la dirección orquestal, por la conexión con los músicos, a los que considera iguales, por la energía que transmite, que hace vibrar al público, y por su respeto a la música occidental sin renunciar a su aproximación personal. Y luego está su visión del poder del arte y de la música  como instrumento de desarrollo colectivo”.

Por su parte, el director artístico del Liceu, Víctor García de Gomar, arrancó su glosa con un aforismo de Kafka “que sirve para explicar su trabajo: ‘tú eres la tarea’. Una aguda afirmación que identifica el yo con la tarea entendiendo que son la misma cosa”. El a su vez ex director artístico adjunto del Palau recordó cuántos programas inesperados para el público brindó Dudamel con las distintas orquestas con las que ha visitado Barcelona, especialmente aquella Turangalila de Messiaen de 2016 con la Simón Bolívar que pasó a ser ya un concierto legendario, además de las cuatro óperas que ha dirigido en el Liceu, la última, ese Fidelio de “altísimo valor social y musical, una oración sobre la accesibilidad, la integración y la inclusión”.

Barcelona se siente privilegiada de ser tu escenario. Tendremos que pellizcarnos para saber que no fue un sueño»


Víctor García de Gomardirector artístico del Liceu

De Gomar lo calificó de osado, inteligente, sensible, original, auténtico, comprometido, luchador, sencillo… y de algún modo incapaz de no establecer una intersección entre lo personal y lo ético. “Barcelona se siente privilegiada de ser tu escenario. Tendremos que pellizcarnos para saber que todo lo que hemos escuchado y lo que está por venir no fue un sueño”, acabó el responsable del Liceu.

Dudamel tomó la palabra y agradeció ese “increíble honor” que es ser nombrado amigo de “esta mágica y hermosa ciudad. Siempre he sentido que tengo muy muy buenos amigos en Barcelona, siempre me he sentido en casa”. Y alegó que su conexión con Barcelona comenzó mucho antes, “con los valores maravillosos que nos inculcó el maestro Abreu a través del gran arte de Pau Casals, ejemplo de perseverancia y de amor y conquista del arte”. E indicó que él es “resultado de este sueño que tuvo Abreu hace 50 años, de esa idea de hacer de la música algo accesible para todo el mundo, como un poder transformador de la sociedad. Esos son los valores y la función del arte, que va mucho más allá de cualquier expresión aislada, elitista, antigua”.

Gustavo Dudamel entrando en el consistorio junto al alcalde, Jaume Collboni

Gustavo Dudamel entrando en el consistorio junto al alcalde, Jaume Collboni

Laura Guerrero/Ayuntamiento

Dudamel acarició con las palabras su idea de Barcelona. “Yo he disfrutado mucho aquí de la maravillosa arquitectura, de la calidez humana, de las sensacionales comidas y las maravillosas playas que ahora convertiremos en sala de conciertos”. “Pero por encima de todo -prosiguió- le agradezco a Barcelona que comparta mi convicción en la importancia de la cultura y de la belleza. No hacemos arte y música solo para entretenernos, creamos y compartimos belleza para conectarnos entre nosotros, para verdaderamente entendernos, hablar, escuchar de manera que transcienda idiomas, ideologías, clases. Es de eso de lo que trata la verdadera amistad: experiencias de vida compartida, empatía que une a pesar de las diferencias y que nos enseña no solo a ser mejores sino a construir un mundo mejor”.

Por encima de todo le agradezco a Barcelona que comparta mi convicción en la importancia de la cultura y de la belleza»


Gustavo Dudameldirector de orquesta

Así, agradecido de poder “compartir con ustedes la belleza y la alegría, la esperanza que la cultura, la music y el arte nos ofrecen”, se despidió Dudamel, no sin señalar la presencia entre el público de Ludovic Morlot, el director de la OBC, con quien se conocieron audicionando ambos para Daniel Barenboim en 2005, y con quien fue vecino el director titular de la Filarmónica de Los Ángeles siendo el francés el homólogo en la Sinfónica de Seattle. 

En la sala estaban también presentes los compositores Raquel García Tomás, Hèctor Parra, Joan Magrané o Lucas Peire, y gestores como el director de L’Auditori, Robert Brufau; el director general del Liceu, Valentí Oviedo; el director artístico del Festival de Peralada, Oriol Aguilà, o el director general y artístico de Ibermúsica, Llorenç Caballero.

El conjunto Vozes, la entidad barcelonesa de cohesión e integración a través de la música que celebra ya su 20.º aniversario, se encargó de cerrar el acto con música. Los chavales comenzaron con la cabalgata de la Obertura de la ópera Guillermo Tell de Rossini y,  llegados al Cancán del Orfeo en los infiernos de Offenbach, alguien de la orquesta le ha puesto a Dudamel un violín encima y le han invitado a añadirse a la sección de cuerda. Un fin de fiesta inesperado, sonriente y de concordia que suponía la imagen del día. 


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