Dua Lipa, o cómo mueve la melena la fábrica de baile en el Mad Cool

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Entre los Bernabeús de Taylor Swift y Karol G hay una reina del pop más que ha advenido a la capital en estos días para hacer valer sus 80 millones de oyentes mensuales en Spotify en un Mad Cool con mucho ambiente para recibirla. Es la gran atracción de esta edición, con permiso y sin permiso de Pearl Jam y The Killers. Es Dua Lipa, sí. Y cómo mueve la melena la fábrica de baile británica.

Previamente, actúo Janelle Monáe. La diva estadounidense se redimió de su cancelación el año pasado (fue sustituida a última hora por M. I. A.) con un show en el que fue capaz de volver un reggae algo sexi. Con chaqueta de béisbol y medias hasta las partes pudendas, atacó un ‘Lipstick Lover’ sensualísimo para cambiar a unos pantalones de bombacho rosáceos que en un movimiento de abrir y cerrar se antojaban clitorianos para luego tocar un ‘Yoga’ con boina y coreografías ‘hot’, un gospel rap con fogonazos de trombón inclusive, y cerrar haciendo un homenaje a Michael Jackson y su ‘The way you make me feel’ impactante.

También, justo después, vimos un rato a Garbage con un sonido irregular, con buenos momentos y con Shirley Manson desprendiendo carisma como siempre entre guitarras estridentes.

Pero este aforo máximo para 58.000 personas, que no podemos concretar porque no se nos dijo cuántas fueron, este festival plagado de marcas por doquier, que parece internet lleno de ‘banners’ pero en real, el Coachella español, vamos, esperaba sobre todo a Dua Lipa, el icono británico de ascendencia albanesa y que venía a presentar su nuevo disco ‘Radical Optimism‘.

Con foto el día previo con Pedro Almodóvar y la escritora Alana Portero, subida a Twitter por el mánager de comunidad Agustín Almodóvar, la cantante saltó literalmente al escenario con ‘Training Season’, con el cuerpo de bailarines corriendo de lado a lado y vestidos de negro para realzar el brillo de Lipa, que iba de plateado, minifalda y top con el torso al aire. Y botazas. Y Ayuso en la grada, una reina de la transversalidad como pocas esta Lipa.

Con una escenografía de dos escaleras de incendios, la artista acometió ‘One kiss’, hipersexi, hiperconsciente de su gran belleza. Y después llegó un espectacular ‘Ilusion’, uno de sus clásicos. Y qué bien sonaba todo. ¡Hasta una veinteañera en silla de ruedas se incorporó para bailar! ¡Milagro!

¿Críticas negativas? ¿Demasiada perfección? Es como quien dice que es demasiado detallista, un halago realmente porque tampoco fue aséptico, todo salió muy bien, la gente lo bailó todo y parecíamos vivir en un anuncio de colonia, sobre todo Lipa comandando la elegante discoteca en la que no fallaba nada. Cómo quejarse. Al nunca verle el ombligo pensamos, eso sí, si no era humana y estábamos ante un replicante o una IA tecno-albana, pero luego se atrevió con un discurso en español en donde se le vio, realmente en varias ocasiones, emocionada y hasta improvisando diálogos con la banda, algo que Taylor Swift, por ejemplo, debe tener prohibido o algo así.

«Estoy muy feliz y agradecida de estar aquí. Me siento bendecida. La gente en España tiene muchísima luz y amor. Me llenan de energía. Gracias por su amor», dijo mientras el viento le peinaba y despeinaba como durante todo el concierto para volver a tirárselo para atrás y cantar ‘Be the one’. ¿Momentos destacados? Demasiados y ninguno por su cuasi redondez, pero especialmente ‘Love again’, con ese violín singular, ‘New rules’ y ‘Hallucinate’. En definitiva, una fiesta de electropop fino para gozar de la ligereza y sensualidad de existir.

Por último, con sotana negra tipo cura satánico, Billy Corgan y sus Smashing Pumpkins ofrecieron un show cañerísimo relleno de temas recientes y grandes clásicos para deleite nostálgico de una de las bandas míticas de los 90, Simpsons mediante. No faltaron ‘Today’, ‘1979’, ‘Ava adore’, ‘Tonight, Tonight’ o ‘Disarm’, con el líder acompañado de su viejo compinche a la guitarra, James Iha, y una doble voz femenina además de varios miembros en un escenario muy animado con un Corgan juguetón incluso, dándole emoción a la piel adonde Lipa aún no llega o no quiere llegar.

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